Llegan los Reyes Magos

Cuando era chiquita, pensaba que a los Reyes se les decían “Reyes Magos” porque hacían magia. Y sí, era mágico escribir lo que uno deseaba en un papelito y que al otro día ese deseo fuese realidad.

Tenía sólo cuatro años, obviamente aún no escribía. Como cualquier nena de esa época soñaba con tener una cocina como la de mi mamá. Ya para Navidad, me habían dejado abajo del árbol una mesita de color rosa con una sillita salteña de algarrobo y cuero. Andaba con mi silla de un lado a otro, y eso que era bastante pesada. Me servía para pararme al lado del torno de papá y verlo trabajar.

Se acercaba la Noche de Reyes, supongo que mis padres me habrán preguntado que le quería pedir y habrán escrito la cartita. Ya tenía la mesa, ahora tenía que pedir la cocina! Recuerdo como si fuese hoy que con mamá lustramos los zapatos y los pusimos abajo del árbol de navidad. Mi papá comenzó a contar la historia de estos reyes que había venido a traerle regalos a Jesús recién nacido y que era necesario poner pasto y agua para los camellos ya que el viaje para llegar a Jujuy era muy pero muy largo.

Zapatos, carta, agua y pastito… todo en su lugar. Yo ya lo sabía, para que los reyes lleguen debería dormirme. Seguramente esa noche di más vueltas en la cama que otra cosa, pensando en los camellos, en los magos y en la estrella que los guiaría hasta mi casa. Tanta memoria no tengo pero conociendo a mi papá, eso debe haber pasado. Y vencida por el sueño debo haber cerrado los ojos…

Como si fuese hoy, recuerdo haberme levantado muy temprano y aparecer en el living de casa donde el agua estaba volcada, el pasto revuelto por todos lados y hasta alguna que otra pisada de camellos había por ahí. Y ahí estaba, no se si en la chimenea y abajo del árbol: mi cocina amarilla con una cartita que decía algo así:

“No tocar, pintura fresca.
Estuvimos trabajando toda la noche.
Los Reyes Magos”

Era hermosa! De madera amarilla, con dos hornallas y horno. Se desarmaba completamente como la de mi mamá!!!! Las hornallas tenían rejillas de metal pintadas de negro, y la parte de arriba de la cocina era blanca. La manijita para abrir el horno también era negra. Adentro tenía una rejilla de madera que se podía sacar. Fui muy feliz con mi deseo cumplido y disfruté de él hasta cerca de los 10 años.

Los tiempos han cambiado. Ya no hay diferencia entre los gustos de nenas y varones lo cual es todo un avance cultural. Pero a mi gusto, los chicos ahora piden cosas que no veo necesarias como celulares o ipad’s y seguramente ponen en aprietos a los Reyes que no pueden cumplir con todos los pedidos. Me parece que cada vez son menos magos 😛

Por mi parte, intenté contribuir  en la economía de los reyes contemporáneos haciendo promoción entre mis alumnos de lo importante que es tener un pendrive y un mouse para la macrinet. Quizás alguno de ellos ya haya recibido el mouse traído por Papá Noel y mañana esperen encontrar en sus zapatos el maravilloso pendrive que los acompañará largo tiempo.

Mis peques saben que no soy religiosa pero esto no quita que en mi agnosticismo no crea en la existencia de estos reyes mágicos que intentas poderlo todo. Por mi parte, mañana lustraré mis zapatos, los pondré abajo del árbol junto al agua y el pastito esperando que me dejen algo tan intangible como el amor que deseo para mi vida.

Ustedes… lustren sus zapatos y deseen que mientras exista el deseo, los sueños se hacen realidad.

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