Ollas de barro

Recuerdo cuando adolescente, veía a las mujeres en el mercado de Tilcara, cocinando en sus ollas de barro. Los aromas, confundidos con el viento norte, me viene a la memoria llenos de picante y chicharrón. Guardé esos recuerdos y, hace varios años, los traje a mi presente en forma de ollas. Esos recipientes mágicos que transforman una papa sin pelar en el mejor muestra de amor a quienes queremos. Y así, estas ollas me acompañan. Algunas, añejas como los buenos vinos, terminaron cuidando mis plantas. Otras, las nuevas, necesitan del mimo previo para recibir las cebollas y los ajíes. Y este es el mimo que yo le hago a mis ollas nuevas. Me lo contó hace no sé cuento, la artesana a quien le compré las primeras. Hoy lo comparto para todos los que se animen a usarlas y disfrutar de cocinar para las personas que tienen en su corazón…

Mi querida amiga “la Lili” suele preguntar con asombro como hago para elegirlas. No hay mucha ciencia en ello, simplemente recorrer todo el mercado y preguntar si se pueden usar para cocinar. Hasta ahora, nunca me vendieron gato por liebre.

¿Por qué me gustan? Creo que es una manera de mantenerme conectada con la tierra que me vio nacer, de la que partí por elección, pero que guardo en lo más profundo de mi. Es una manera de tener los cerros de San Antonio, los colores de Purmamarca y los olores del Carnaval en mi mesa…
Además, son muy bonitas y mantienen en el calor. Un guiso hecho en ellas se mantiene a punto durante toda la cena por mas prolongada que se haga.

Esta es una de mis nuevas ollas. La compré en el “Paseo de los Artesanos” en mi último viaje a San Salvador (el que está al lado de la vieja estación de trenes).

Para curarla, necesitamos grasa de vaca o cerdo y leche, en cantidad suficiente como para llenar la olla.
Calentamos la olla y le ponemos dentro varios trozos de grasa.

El calor, hará que la grasa comience a derretirse y, ayudándonos con la mano, untamos toda su superficie, por dentro y por fuera…

En otra olla, calentamos la leche hasta que hierva…

Con esta leche llenamos la olla, ya fría, hasta el borde…

Dejamos enfriar la leche hasta el día siguiente. Calienta la leche  nuevamente, en otra olla, y llenamos nuevamente la olla que está siendo curada. Una vez que esta leche se enfría, tiramos su contenido y lavamos la olla solo con agua.

Ahora ya está lista para llenarse de cebollas, locotos y cominos, perfumar la casa y llenarla de amigos…

 

 

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3 respuestas a Ollas de barro

  1. Asunción dijo:

    Hola !!!!! Felicitaciones por la explicación para curar las cacerolas de barro; me gustaría preguntarte si podes decirme donde comprar esas cacerolas en la ciudad autónoma de Bs. As. pues encuentro las que vienen esmaltadas y no las quiero así, me gustan las que usan en Jujuy sin esmaltar que por otro lado he oído que no son buenas para la salud pues desprenden al calor tóxicos. Muchas gracias por tu respuesta, Asunción.

    • Asunción,
      Mil disculpas por la demora en responder. La verdad es que no tengo idea donde se pueden conseguir en Buenos Aires, nunca la vi aquí. Las mías son compradas en Jujuy, cada vez que viajo me traigo un par.
      Espero que las consigas o te des una vueltita por el norte, es un buen pretexto 🙂
      Saludos, Euge.

  2. Natalia Zaragoza dijo:

    Euge: la verdad es que te tendrías que haber dedicado a la escritura. Tenés una forma tan amena, agradable y pintoresca de escribir y describir los recuerdos de tantos años, que es un placer escucharte y leerte..
    Más allá de lo profesional y lo buen conocedora que sos del software libre, me gusta entrar a tu blog, simplemente para leer historias de vida, más allá de los conocimientos que compartís.
    Gracias por todo y no dejes de iluminarnos los momentos con tus anécdotas y sentimientos… Te quiero y respeto mucho… con cariño, Natalia

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